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Espejismos

Los rayos de sol septembrino caían perpendiculares como pétalos de esperanza sobre la achicharrada piel negra de Jean Paúl, coloreando un poco sus lánguidos ojos verdes cansados de tanto mirar al horizonte; en lontananza, un barquichuelo de velas verdes trazaba un delgado remolino espumoso y un poco más allá las olas de un mar Caribe siempre iracundo rompían violentamente como si quisieran descuartizar el rompeolas. Jean Paúl, después de terminar sus dibujos extraños, hundía sus pies desnudos sobre la arena quemante en dirección a la enorme roca donde todas las tardes se sentaba a rumiar ausencias. Su llegada, su sola presencia imponía una atmósfera de sometimiento a los bañistas, quienes se les inclinaban respetuosos aunque con un dejo de lástima. Conocían el mito de los viejos amores idos.

Los rayos de sol septembrino caían perpendiculares como pétalos de esperanza sobre la achicharrada piel negra de Jean Paúl, coloreando un poco sus lánguidos ojos verdes cansados de tanto mirar al horizonte; en lontananza, un barquichuelo de velas verdes trazaba un delgado remolino espumoso y un poco más allá las olas de un mar Caribe siempre iracundo rompían violentamente como si quisieran descuartizar el rompeolas. Jean Paúl, después de terminar sus dibujos extraños, hundía sus pies desnudos sobre la arena quemante en dirección a la enorme roca donde todas las tardes se sentaba a rumiar ausencias. Su llegada, su sola presencia imponía una atmósfera de sometimiento a los bañistas, quienes se les inclinaban respetuosos aunque con un dejo de lástima. Conocían el mito de los viejos amores idos.

-¡Estoy de nuevo aquí, hermosa mía! se le oyó vociferar !hoy no me iré, esperaré que llegue tu barco, tu carabela, tu avión o tu motora acuática, pero tendrás que venir, Carmen! Y siguió, sin sorprender a nadie:

-¡Tendrás que venir, Carmen, aunque sea en uno de los barquitos de papel que construí para navegar aferrado a tu cuerpo por todos los mares y océanos del universo!

Dejó de gritar y colocó su mano derecha en forma de sombrilla encima de las cejas clavando su mirada verde sobre los bordes más lejanos del horizonte; dobló un poco hacia delante su musculoso cuerpo y exclamó:

¡Es ella!, lo sabía, es ella, ¡sabía que vendría!

Alcanzó a ver sobre las brumas del océano un pequeño tren amarillo con franjas rojas que venia rodando veloz y suavemente por las turbulentas aguas tropicales con dirección a la pequeña rada que dibujaba el contorno de la playa.

--Sólo ella, pensó equilibradamente, --podría haber producido el milagro de venir en un tren sobre las aguas, --Sólo ella, quien no sólo violaba todos sus sueños sino que también le había enseñado a producir espejismos con las manos.

Y efectivamente era ella ya que además sintió su olor de bosque virgen al tiempo de ver claramente su rostro hermoso de pequeños ojos orientales. Conducía de pies el pequeño tren y traía un short anaranjado combinado con unas bermudas verde clara. Salió raudo por la costa colmada de palmeras de hojas agonizantes de sequía, sin sentir ya el sol implacable que devoraba sus poros ni el peso de la arena candente sobre sus pies descalzos.

Carmen estacionó el tren en el fondo de la ensenada, bajó con una sonrisa radiante y empezó a correr hacia él chapaleando las espumas que en la orilla dejaban las olas que se alejaban presurosas como para ver mejor ese encuentro maravilloso. Parecían dos chiquillos; Jean llegó sudoroso al encuentro y abrió sus largos brazos como un cristo crucificado para abrazar la nada. De nuevo Carmen había desaparecido como un relámpago en la oscuridad. Cayó de rodillas con los brazos caídos sin hacer caso a dos nuevas lágrimas que venían a formar parte de la colección que se inició con su partida.

Pero esta vez no se rindió como otras tantas veces, se le vio pararse ágilmente, caminar de nuevo con firmeza hacia su roca, y una vez allí colocó ambas manos alrededor de la boca, a manera de megáfono y se oyó el retumbo de su voz ronca cargada de una melancolía que rompía de pena los corazones de los bañistas que le oían:

¡Mis labios reclaman tus besos, amada mía, Tendrás que venir, Carmen, hoy no me iré de aquí sin ti!, y prosiguió protestando a los vientos del norte:

¡No sobreviviré sin tus ternuras, Carmen, regresa cielo mío, ¿nos ves que muero, no ves que tu ausencia taladra mi alma hasta un dolor que no soporto ya?

Jean Paúl Humeaux es quizás el mas afamado saltipamki dominicano; empezó a trabajar en hoteles ribereños como guía turístico, pero su cuerpo atlético, sus finos modales, su vasta cultura, su amor por la poesía, por los idiomas y la literatura en general le llevó a liderar la federación de chulos playeros llamados Saltipamkis, quienes en su mayoría, apenas sabían leer y escribir.

--Parece un Dios Negro, más de una vez se oyó decir a algunas de aquellas mujeres rubias de ojos de colores que le seguían como cachorritas no se sabe si por su poderosa personalidad física o por su trato personalizado. La cuestión es que hizo una fortuna de las carteras de aquellas turistas europeas, norteamericanas, y canadienses que hacían colas para aproximarse a este gigoló culto y no tenían reparos en el valor de sus regalos en efectivo. Según se dice cobraba los honorarios más altos y exigía hoteles de cinco estrellas, libros y música de grandes maestros. Todo ello hasta conocer a Carmen, una hermosa poetisa atlántica que según atestiguaban los residentes, exhalaba erotismo hasta en sus ademanes.

Sus noches eróticas eran interminables, se amaron y se amamantaron, - todavía dicen- como también indican que cuando se encerraban en la casa veraniega que alquilaron a la orilla del mar, la marea subía lo más alto para formar olas que luego sucumbían sin aspavientos formando pequeñas cascadas entre las rocas que, a su vez producían diminutas burbujitas a las que la luna le obsequiaba un tono cristalino-amarillo, y que titilaban como las estrellas al ritmo de las sacudidas de sus cuerpos desnudos, y en cada orgasmo producían un espectáculo tan maravilloso como el de las auroras boreales.

Se supo que a su partida, Carmen le prometió volver por lo que Jean Paúl haciendo caso omiso a los consejos de sus compañeros, abandonó definitivamente su rentable profesión para esperarla. –Volverá, aseguraba con pasión.

Atrincherado a su roca se conmovió con una nueva visión. Ahora temía que una escuadra de barquitos de papel que venía hacia él dirigido por aquella hermosa mujer gordita de rostro exótico, largos cabellos, con el traje y el kepis de Almirante de los mares fuese otra fantasía de su mente trastornada por su deseo vehemente de besarla. En la medida en que los barquitos avanzaban, empezó a oír unos tambores lejanos y de nuevo hirió su olfato aquel aroma de bosque verde, sin embargo, dudaba, y al final parece que la cordura había regresado a su conciencia porque a pesar de no que no quitaba la vista del ejército de barquitos, susurró:

--Son mis espejismos, mis hermosos espejismos, que lo hacían también oír que ella, desde su barco líder le expresaba: --Te prometí volver y volví, Jean Paúl, volví porque te amo.

¡Y Yo también te amo, vida mía, mi corazón no late desde que te fuiste! volvió a clamar con toda la fuerza de su garganta, perdiendo de nuevo la prudencia, al tiempo que el barquito bandera hizo un giro de 60 grados, regresando mar adentro seguido por los demás.

--No amor, -Gritó desesperado- regresa, no sabes cuanto te quiero!.

--Y yo también te amo, "el reloj de mi vida se paró el mismo día que dejé de verte"", sintió su voz arrobadora que le susurraba al oído a la vez que el tam tam de los tambores estallaba más cercano y aquel perfume de madera lo sentía tan cerca que parecía salir de su propio cuerpo.

-¡Son mis espejismos!, ¿porque he de sufrir tanto? duda, y cuando la opacidad empezaba a nublar sus ojos para dar paso a la salida de nuevas lágrimas sintió una mano aterciopelada que acariciaba su pelo aceitunado:

--Te amo, Jean Paúl, siempre te amé, por eso regresé.

Entonces comprendió; un espejismo de los tantos que había fabricado se escapó; se escapó de sus manos y ya no volvió a dibujar princesitas en la arena.

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ME CONFIÉ EN EL MÉDICO

Mi esposa y yo tenemos un matrimonio sin muchos contratiempos, ni grandes historias, vivimos en Montevideo, y no tenemos problemas económicos. Mi mujer me pidió que la lleve al médico porque tenía algunos dolores y de paso, hacerse una revisión de rutina. El hecho de acompañar a mi mujer a su visita a un ginecólogo, me llenaba de excitación, sabiendo que tendría que desnudarse delante de otro hombre.
En la sala de espera, colgada de mi brazo, mi hermosa esposa, Andrea, es una típica argentina descendiente de italianos, suizos, y algún gaucho con sangre india, es una bella morena de ojos claros, delgada y alta con muy buenos pechos, y un culito chico pero redondito, que se viste muy conservadoramente, tiene 32 años muy bien llevados, gimnasio mediante, es profesora de inglés en una escuela secundaria y tiene un carácter muy fuerte, es bastante antigua en el tema del sexo y es difícil hacerla calentar. Viste siempre muy sencillo y nada llamativa, pero me excitaba mirando sus pechos que se dejaban entrever abultados abajo del pulóver, por abajo llevada un vaquero ajustado que le hermoseaba sus caderas, su culo y sus hermosas piernas, en sus pies unas sandalias con tacos, que la hacían casi mas alta que yo, y en sus tobillos unas pulseritas como esclavas, que hacían ruidito cuando caminaba.
Acababa de entrar al consultorio una mujer rubia muy hermosa, y yo me ratoneaba imaginándola desnuda y en la camilla esperando la revisión del médico, le hice un comentario a Andrea sobre ella y el doctor, y ella me respondió, cállate vos, siempre el mismo morboso, yo le hacía algunos arrumacos y ella me agarraba mas fuerte apretándome el brazo como buscando refugio.
El Médico era un tipo alto con unas manazas y dedos larguísimos, de unos 38 años aproximadamente se ve que tenía muchas pacientes gracias a esos dedazos, no me los imaginaba dentro del chocho de mi esposa, y pensaba que dentro de poco tendría la posibilidad de verla gemir de dolor.
Nos tocó el turno, y pasamos adentro del consultorio, yo me senté con vista a un pequeño biombo, y detrás de un divisorio de plástico traslúcido, se veía la camilla ginecológica, la habitación tenía una ventana que estaba cerrada y un respiradero en la parte de atrás a la altura de los marcos. Mi esposa estaba nerviosa pero también la noté excitada, imaginando lo que le iban a hacer, sus ojos verdes brillaban más que otras veces y me miraba como con compasión, como si me estuviera a punto de engañarme o pasarme el cuarto como decimos acá.
Después de los saludos, y comentarios triviales de siempre, algunas preguntas sobre la salud de mi esposa y los síntomas que podría tener, le dijo que la tendría que revisar y le indicó que se desnudara detrás del biombo, yo disimuladamente me corrí para atrás para disfrutar viendo el magnífico cuerpo de mi mujer, que se quitó los pantalones y la parte de arriba, y quedó en corpiño y bombacha, la que se le metía por la raya de su culito y me volvía loco, un juego de lencería negro con bordes de encaje, que me quitaba el aire, salió de atrás del biombo, preguntándole al médico si estaba bien así, éste levanto los ojos y quedó alelado, pero reaccionó enseguida y le dijo, que no, que se sacara todo, y mi mujer volvió atrás y se empezó a quitar el brassier, soltando sus tetas magnificas, que ya tenían los pezones duros por los nervios y la excitación, a mi se me empezó a parar viendo las aureolas y sus formas perfectas, se sacó la tanga, agachándose con el trasero hacia a mí, mostrándome sus nalgas y largas y entornadas piernas, que eran su orgullo y un lunar en el cachete izquierdo del culo. Mi mujer se puso la bata verde y salió de atrás del biombo y se acercó a la camilla, que ya me quedaba un poco fuera del alcance de mi vista, el medico le dijo, que se acueste y ponga los pies en los apoyos, con lo que quedaba completamente expuesta y con su coñito depilado a la vista, pero no la mía, mi mujer juntó las rodillas y se cubrió todo lo que pudo, yo podía verle las piernas por debajo de la bata y sus nalgas que se aplastaban contra la camilla, el canal oscuro de su pelvis y el pliegue de su cola donde empiezan las piernas, lo que me acentuaba la erección.
Mientras el médico, se acercó y buscaba unos guantes finos de goma casi transparentes, se los colocaba, y le agarró las rodillas y se las separó, para empezar a trabajar en su coño.
Alcancé a ver la cara de susto de Andrea, al sentirse completamente abierta.
El médico tomo un pomo de agua y le tiro agua en su pubis, y luego se lo secó, - tiene irritado y un principio de hemorroides en su ano, le dijo, - sí, me arde le dijo mi mujer, -le pondré una pomada, que tomo y la hizo ponerse en cuatro patas en la camilla, con lo que le levantó la bata descubriendo un culo blanco y redondo como para desfallecer, le colocó la pomada lentamente, rodeando su agujerito e introduciéndole un poco su dedo a lo que Andrea frunció su cara y elevó la cabeza en gesto de dolor, me arde más todavía insistió, y el médico estuvo un par de minutos masajeándole su entradita posterior, cuando se alivió un poco la hizo ponerse como al principio, se dió la vuelta y tomó un aparatito de plástico, se dirigió a la camilla, lo colocó delicadamente en la entrada de la vagina y de a poco se lo fue introduciendo en el coñito, mi esposa gimió, - le duele mucho preguntó, yo me excité de sobremanera y me corrí para ver mejor, en ese momento el medicó reparó en mí, y mirándome fijamente, se dió cuenta de mi estado de nervios, y me pidió si me podía retirar porque, haría mejor su trabajo sin tener la presión del marido de la paciente, mirando la terapia invasiva que le iba a hacer a la esposa.
Muy perturbado, tuve que retirarme, y cuando se cerró la puerta, me quedé solo en la sala de espera, con una angustia en el pecho y en un estado de incontrolable excitación, me perseguía la imagen de mi mujer dentro de esa bata, y sabiendo que no tenía nada debajo, y encima encerrada con un hombre que la tenía totalmente a su merced, no sabía que hacer, desde el consultorio sentí más gemidos de mi esposa, lo que me volvía loco, alcance a sentir la voz del médico pero no pude descifrar sus palabras, así durante un largo rato, traté de escuchar e imaginar lo que le estaba haciendo a mi esposa, seguían los gemidos un poco mas fuertes, y pegué la oreja a la puerta, para sentir mejor, en eso veo a una mucama que sale por una puerta del pasillo de atrás, puerta que seguro daría a un cuarto atrás del consultorio, pensé que escucharía mejor y no correría riesgo de que viniera alguna otra paciente a la sala de espera y me frustrara la posibilidad de por lo menos oír lo que pasaba adentro. Me levanté y me fui hasta el cuarto ese, abrí la puerta, entré, me encerré y comprobé que se escuchaba todo lo que pasaba adentro con mi mujer, que ya se había calmado y hablaba con el médico, diciéndole que le ardía el ano, y la pomada le daba mucho calor, el médico le contestó que ya le iba a pasar, yo me pregunté porqué se oía tan bien y me dí cuenta que el respiradero que había visto en la parte alta y posterior del consultorio daba a este cuarto, y estaba abierto, por lo que me subí a un tacho que había y miré por el respiradero, la vista era magnífica, me llené de alegría
-Abrase la bata que le voy a hacer un examen de mamas- le dijo el médico, a mi mujer se le puso la piel de gallina, entonces el médico al ver que no reaccionaba, le abrió los bordes superiores de la bata poniendo sus hermosos senos al descubierto, y yo, como el médico, podíamos admirar su magnifico cuerpo completamente desnudo, ella ruborizada, trató de cerrar la parte inferior de la bata, tapando su pelvis, pero por la posición de sus piernas con las rodillas levantadas, la bata se deslizaba hacia abajo, y la dejaba expuesta totalmente, tranquila le dijo al notar, la piel tensa y los pezones duros, mientras le empezaba a masajear sus tetas, perfectas que le cabían justo en su mano, yo pensaba en como lo estaría disfrutando el maldito, la cara de mi mujer ya denotaba una marcada excitación y empezó a gemir pero de placer me pareció, ya que antes le habían estado trabajando el coño y el culito. El médico tenia ya un abultado paquete en su entrepierna alcancé a notar, mientras le masajeaba las tetas con las dos manos, sin los guantes, rozó varias veces el bulto contra el costado de mi esposa, le agarró los pezones y tiró de ellos, observando como volvían a su lugar, mi esposa ya no daba más de placer según yo lo veía en su cara y se tocaba disimuladamente la entrepierna, el médico al darse cuenta, dejó de masajearle las tetas y le dijo que le iba a hacer un tacto, dándose cuenta de la mojadura en sus labios vaginales que brillaban. Andrea, ya no intentó taparse y se quedó expuesta, el médico, en forma adrede sin los guantes, le empezó a meter un dedo en su vagina, y con la otra le acariciaba el interior de sus muslos, y frotaba su clítoris, con la clara intención de excitarla hasta donde pudiera, la cara de mi esposa era la imagen del placer, su cabeza hacía un vaivén de un lado a otro como buscando un alivio a su calentura, sintiendo ese dedo que entraba y salía repetidas veces y que se retorcía dentro de ella, entonces el médico le introdujo otro o sea los dos a la vez, ella pegó un grito tremendo, retorciéndose en la camilla, pellizcándose los pezones, a lo que el médico se le acercó ofreciéndole el bulto, mi esposa le agarró el pantalón, y le empezó a buscar la pija, cuando se la sacó, estallando enfurecida, pudo admirar un tremendo pedazo de carne con una cabeza desproporcionada, mientras seguía sintiendo los dedos abriendo y revolviendo su vagina, mi esposa tomó el pene descomunal y lo empezó a acariciar, pero el médico la obligó a llevárselo a su boca, como no le entraba, le lamía los costados, y en un esfuerzo pudo abrir su boca, dilatando los labios e introducírselo chupando la cabeza lentamente como si fuera un chupetín, el médico empujaba y se lo metía hasta la garganta solo aflojando cuando veía que ya no podía respirar, empezando un mete saca por la boca descomunal, yo estaba que no daba más, la visión de mi hermosa mujer con ese pedazo en la boca, me había hecho tener una eyaculación, mi esposa siempre se negó a practicar el sexo oral, aunque logré que algunas veces me lo hiciera, no lo hacía con el gusto y el entusiasmo que estaba poniendo ahora, chupaba, lamía y le pasaba la lengua por la punta como una experta. Una tremenda duda se me cruzó en ese momento dándome cuenta de la vejación que le estaban practicando a Andrea, se me cruzó la idea de ir a protestar y detener ese acto, pero la excitación y mi voyeurismo pudo más. Mientras tanto, Andrea tuvo un orgasmo gracias a los dedos que seguían revolviendo su vagina. Luego el médico sacó un dedo de la vagina y lo empezó a introducir en el ano, que se empezó a dilatar con los jugos de la vagina, mi esposa pegó un respingo al sentirlo, y gritó, me ardeeeee, el médico le dijo y te va a doler más, puta. Así con un dedo en cada agujero tuvo su segundo orgasmo, mientras el médico le llenaba la boca de semen, que se le escurría por las comisuras de los labios. Trágatelo todo, puta, le dijo, te va a hacer bien, le gritó el médico, ella haciendo arcadas tragó todo lo que pudo y el resto se le derramó por su cuello y sus pechos. Luego de esto el médico la levantó y la sentó, besándola en la boca, revolviendo su lengua dentro de la boca de ella, a lo que ella le respondió con un abrazo y un beso de lengua muy entusiasta. Él la acostó nuevamente y empezó a besarle sus pechos y morderle los pezones, mi mujer mientras tanto le masajeaba la pija para que se vuelva a endurecer!!! Quería más pensé.!!!! En eso sonó el teléfono, él se volvió y fue hasta el escritorio atendiendo la llamada, dejando mi mujer gimiendo, sentí que le decía - no te vayas, volvé, quiero más, mucho más, -Hola dijo él, estoy atendiendo, pero venite que tengo una mina que esta reemputecida y con la pija mía sola no le va a alcanzar, fíjate cuando vengas si el marido esta en la sala de espera, pobre boludo no sabe la cogida que le estoy dando a su mujercita, que está rebuena, dale te espero-. Regresó al borde de la camilla, mi mujer se había puesto de costado, y se acariciaba su clítoris, entonces él mirándola fijamente, se dió cuenta que estaba para cualquier cosa, - que buen culo tenés, déjame que te lo voy a destrozar le dijo, y así te volverás la mejor puta. Nooo dijo mi mujer, por ahí no, la quiero en mi concha, dijo al ver la enorme pija endurecida nuevamente, en eso entró otro hombre, pensé que era el del teléfono, cuando lo vi casi me caigo, era un negro descomunal y feo, -Hola Jair dijo el médico, ahora probarás una putita insaciable. Se dio vuelta hacia mi esposa y le dijo - Andrea este es Jair un médico residente africano, que está terminando su preparación en esta clínica, ella lo miró con los ojos inyectados por el deseo y no dijo nada. El negro al ver a mi esposa desnuda y ansiosa de ser cogida, se empezó a desnudar y se puso parado al lado de la camilla en la parte de adelante, al alcance de la cabeza de mi esposa, cuando se bajó el slip apareció un miembro monstruoso, largo y con la cabeza mas clara, que inmediatamente buscó la boca de Andrea, que la empezó a chupar de costado hasta introducírsela en la boca, pudo porque todavía no estaba endurecida del todo, pero empezó a hincharse y la boca de ella se inflo como un globo mientras el negro, la empujaba y la sacaba repetidamente, el médico mientras estaba introduciéndole el pene en su vagina, que a pesar de lo mojada que estaba, no alcanzaba a dilatarse, y ella gemía y se sobresaltaba del dolor, yo estaba extasiado viendo a mi mujer con 2 pijas en su cuerpo, la vagina empezó a engullir a la enorme pija del médico de apoco, y él la metía hasta la mitad y la sacaba, y así fue introduciéndola más adentro, en eso mi mujer que se había sacado la pija del negro de la boca y la estaba masajeando entre sus pechos, dijo, por favor, métemela toda, quiero que me llegue hasta el fondo, con mi marido nunca me llega. Entonces el medicó se la metió toda y gozaba como enloquecida y obnubilada con las caricias del negro buscaba algo más, el médico le sacó la pija y la hizo levantarse y bajarse de la camilla, mientras estaba parada, la magreaban entre los dos, pellizcando sus tetas, y amasando su culo, el negro se acostó boca arriba en la camilla y su pija ya endurecida se elevaba como un obelisco, el médico le dijo -Andrea súbete y cabálgalo, a lo que mi mujer obedeció, se subió arriba del negro, sus pulseritas en los pies seguían haciendo ruido, y se colocó encima de la enorme pija, casi se tuvo que parar para colocarla en su entrada y aunque ya tenía la vagina dilatada, tuvo que abrirse más para dejar entrar la pija del negro mas gruesa y mas larga, de a poco y muy lentamente fue entrando y cada centímetro que se introducía, le provocaba un espasmo de dolor y placer a la vez, sacudiendo su cabeza y su bello rostro se contraía por las sensaciones recibidas, empezaron los dos a meterla y sacarla cabalgando mi esposa con entusiasmo, pero siempre gimiendo y gritando cada vez que se le introducía hasta que llegó hasta lo mas profundo porque a pesar de que todavía no le entraba toda, sobraban unos centímetros de pija afuera, rebotaba su cuerpo para arriba como si ya se estrellara contra su fondo, se ve que le llegaba y lastimaba, porque vi un hilillo de sangre que le salía de la concha. Ella se sacudía en brutales orgasmos, y a la vez le caían lágrimas del dolor. El médico mientras le trabajaba en el culo, esperó un rato que Andrea se cansara de cabalgar y la puso en 4 patas y siempre con la pija del negro enterrada, le acercó el descomunal glande en la entradita de su ano, ya un poco lubricado por el dedo anteriormente, empujó de a poco introduciéndose trabajosamente. NOOOO gritó, Andrea, no lo hice nunca por ahí, Seguro putita, por qué te crees que lo invité a Jair, si con una sola pija no te alcanza. NOOO seguía gritando Andrea, para mi esto era demasiado, yo nunca se lo había podido hacer por el culo, e iba a entrar en el consultorio y parar este atropello, pero me vino otra eyaculacion en ese momento y seguí observando sin intervenir.
La pija del médico se iba introduciendo trabajosamente en el culo de mi esposa, dilatando su esfínter, ella no dejaba de gritar, y también observé, que le había roto el culo, porque salía sangre, pero al médico ni le importó y siguió empujando hasta meterla toda adentro, y sus bolas golpearan las nalgas de mi mujer, le amasaba las tetas que se bamboleaban por el movimiento continuo, y le pellizcaban los pezones y se turnaban para estrujárselos y el negro además desde abajo se los chupaba y mordía fieramente, bombeaban ambos por los dos lados, estuvieron así un largo rato en el vaivén del mete y saca y mi mujer ya no gritaba y solo gemía de placer, su cabeza se sacudía con las embestidas y su cabello danzaba de un lado a otro al ritmo de la cogida, totalmente llena con las 2 tremendas pijas cavando en sus hoyos tuvo varios orgasmos seguidos, cosa que nunca le había podido hacer yo, entretanto el negro también eyaculó abundantemente dentro de mi esposa, que ya llena de leche, se escurrió bastante afuera como un río de semen entre sus piernas, - Si te embarazo yo, tu marido sí que te va a matar-, dijo, el negro, le saco la pija despacio y le obligó a ella a lamérsela y limpiarle toda la leche, y se la terminó de limpiar en su pelo, mientras le seguía estrujando las tetas, que parecía que tenía una fijación, ya que dijo, que eran las mejores tetitas que había visto.
El médico, mientras tanto, seguía perforando su culo y cuando se vino dentro de ella, le llenó los intestinos con otra dosis de semen, que se le mezclaba con el hilo de sangre que le salía del ahora enorme hoyo, - me arde gritaba mi mujer, a lo que el médico le decía, enséñale a tu marido como tiene que hacer para excitarte.
Mi mujer se bajó de la camilla y con la cara completamente desencajada, se dirigió al biombo donde había dejado su ropa, -deja la bombacha para mí y el corpiño para Jair dijo el médico, sin esas prendas se empezó a vestir, le dolía todo el cuerpo y su vagina y su culo habían quedado completamente abiertos y dilatados. Tus músculos tardaran un tiempo en volver a su estado normal, dijo el médico, así que trata de no coger por 4 o 5 días por lo menos.
El médico y el negro se vistieron y él le dijo, volvé dentro de una semana, para llevarte los análisis, y vemos ese culito a ver como sigue, y de paso te damos otra cogida como ésta, - Bueno dijo mi esposa, dándole un largo beso de lengua, mientras ella estaba terminando de vestirse, yo me bajé del tacho, me arreglé la bragueta y el pantalón manchado con mi semen, y volví rápido a la sala de espera, en eso sale el médico adelante de mi mujer y me dice, - querido amigo, su esposa está rebién, parece una adolescente tardía, pero tiene que volver semanalmente para que sigamos la evolución del tratamiento y además tiene que evitar las relaciones sexuales por lo menos hasta la próxima semana, que la revisaré nuevamente. - hijo de puta pensé yo, buena hembra te has tirado, y además la quieres para tí y tu amigo solamente. Mi esposa me abrazó y me besó, y yo sentí el gusto y el olor a semen y pijas de su boca, pensé en echarle en cara lo que había sucedido, pero dudé, y lo deje para después cuando estuviéramos en casa, ella caminaba con dificultad, yo le pregunté si le había dolido, y ella dijo que estaba toda dolorida y no podía cerrar las piernas, - es por el tratamiento contra las hemorroides dijo ella, - sí asentí, yo, total ella no sabía que yo, lo había visto todo. Pero después mientras íbamos en el auto, pensé que si le decía algo, me iba a perder la próxima sesión dentro de una semana.
Hacer comentarios a lambret@uyuyuy.com

Autor: lambret

El negro Walter

Soy una chica de 25 años, casada, que a decir de muchos ostenta un buen cuerpo, ya que a pesar de medir 1.55m, soy blanca, bonita, con unas tetas grandes ya que uso 40B de brassier y un buen trasero. Generalmente paso mis días trabajando independientemente para luego atender los quehaceres de mi hogar. Mi marido tiene una prima de piel morena que hace poco vino a vivir donde mi suegra, ella nunca he vivido con su padre ya que nunca lo tuvo a su lado por lo cual casi no lo puede ver. Como él vive por donde vivimos un día me lo enseñó, él es un tipo negro, no mal parecido, alto, como de 1.85m, delgado, de unos 47 años, pero bien conservado.

Un día llegué a la casa de mi suegra y encontré a la prima de mi marido llorando, había tenido una fuerte discusión con su papá y hasta le había humillado así que decidí ir a ponerlo a su sitio. Como conocía su casa fui. Yo estaba vestida con un pantalón hasta la rodilla alicrado, color rosado, a la cadera que me quedaba pegadísimo, un calzón tipo tanga rojo, de encaje, un top tipo bividí, pegadito con un buen escote, de licra, color rosado y un brassier blanco. Su padre vivía solo así que toqué la puerta de su casa y de pronto salió envuelto en una toalla de la cintura para abajo. Como estaba de cólera entré, cerré la puerta para su sorpresa y comencé a gritarle:

-Eres un desgraciado, como puedes tratar así a tu hija, eres una basura, negro de porquería, encima no sé como las mujeres te hacen caso…

-Y tú quién eres para venir a gritarme a mi propia casa. Ah, tu eres la mujer del primo de mi hija, te he visto varias veces, te voy a demostrar por qué las mujeres me buscan…

Para mi sorpresa se sacó la toalla y estaba desnudo, cuando le ví me di cuenta que tenía un pene enorme y grueso, en verdad nunca había visto uno así, debía medir como unos 25 cms y estaba bien hinchado. Quise salir pero me detuvo por la espalda:

-Ahora vas a cambiar de opinión acerca de mi putita, te voy a demostrar lo que es un verdadero hombre, siempre te veo pasar y estás riquísima, te voy a dar toda mi salchicha.

-Suéltame por favor, no me hagas daño, déjame irme.

Inmediatamente me tomó de la cintura y con la otra mano me desabrochó el pantalón . Trataba de salirme de él ,pero era más fuerte que yo, me sobaba con su cosota mis nalgas hasta que con una mano y a pesar de mis esfuerzos por evitarlo me bajó el pantalón e inmediatamente el calzón.

-Noooo, noooo, por favor, déjeme.

Me sentó encima de él y abriéndome las piernas me penetró.

-Ayyyyy, auuuuuu, nooooo, ayyyyyy, auuuuu

-Toma mamacita, al principio te va a doler pero después vas a gozar.

Sentía como ese pedazote de carne negra como un fierro entraba por mi conchita y se abría paso por mi vagina a la vez que sentía que me mojaba. El me fue soltando poco a poco mientras yo, ya sin forcejear me permitía subir y bajar por su enorme nabo negro. Luego me subió el top y me sacó el brassier y empezó a apretarme las tetas mientras gemía de dolor y ahora ya de placer.

-Ahhhhh, ayyyyyy, ayyyyy…que rico, ayyyy.., que grande y gorda la tienes, ayyyy, ayyyyyy ayyyy

-Ves putita, ya te gustó, ahora dime porque las mujeres me buscan.

-Ayyyyy, auuuuuu, ayyy,ahhhhhhhh, que grande, que grueso, que rico papi, hazme tu mujer, sigue papi….



-Toma putita, es toda tuya, que ricas tetazas, que rico culo mami.

-Sii, ayyyy, ayyyyyyyy, ahhhhhh,ahhhhhhh,ahhhhhhhh.

El negro me taladraba la conchita y para ese momento me había venido como 3 veces mientras toda su cosota me había abierto la todita.

Luego hizo que me siente en su verga mirandole de frente a lo que accedí mientras me penetraba y me besaba , me metía toda su lengua en mi boquita y me mamaba las tetas mientras me apretaba las nalgas y me subía y bajaba por sus 25cms.

-Auuuuu, ayyyyy , no seas tosco, ayyyyyy, ayyyyyy, ayyyyyyy, ayyy bastaaaaa, bastaaaa

Al escuchar eso me levantó, me apoyó sobre la cómoda de su sala y me abrió las nalgas, me metió su vergota mientras de espaldas a él me apretaba las tetas.



-Ayyyy, ayyyyy, ayyyyy, ayyyyy,ahhhhhh, ya papi, ahhhhhhhhh

-Me taladraba cada vez más fuerte a tal punto de que sentía que me iba a desmayar hasta que sentí que mi conchita y mi vagina se llenaba de su leche.

-Ahhhh..putita, te lleno, ….ah putita…eres mi mujer….toma la leche de tu negro…..

-Ahhhhhh…que rico,……tanta leche, me has llenado con tu leche papi, calientita…sigue papi, destrózama amor, soy toda tuya, que rica verga

-Toma más de mi pingota, hasta mis huevos putita….

-Ahhhhh. Ayyyyyyy, ayyyyyy, ahhhhhhhh, ya no papi, me duele, toda tu leche la tengo adentro

El negro siguió arremetiendo con fuerza hasta que sacó su pene de mi conchita, hizo que me arrodille y echó otro buen poco de leche en mi boquita.



Luego de ello me dio un beso apasionado, me tiró mi ropa en la cara, hizo que me cambie y me echó de su casa , mientras me iba de su casa adolorida y confundida pensé en lo mal que había hecho al convertirme en la mujer del padre de la prima de mi marido pero también en lo que había disfrutado con tremendo nabo negro.

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